Innovación en movilidad

Por Roberto Sasso
31 de agosto del 2017

El desarrollo exponencial del poder de cómputo hizo a los teléfonos inteligentes de hoy 58.000 millones de veces más poderosos, por dólar, que el único computador que tenía el Ministerio de Hacienda en 1972. Estos dispositivos móviles están trayendo innovación más allá de la manera como nos comunicamos. Estamos viendo una constante innovación en la movilidad misma, es decir, en la manera como la gente y las mercaderías se mueven de un lugar a otro.

En los últimos diez años, el valor de mercado de las grandes empresas de ventas al detalle ha caído entre un 96 % (Sears) y un 1 % (Walmart), mientras el valor de mercado de Amazon ha crecido 1.934 %. Esto muestra un claro movimiento de los consumidores hacia el comercio electrónico (el valor de mercado de Amazon es casi el doble de Walmart).

El comercio electrónico, por lo general, ofrece mejores precios y variedad, pero, tal vez más importante, elimina la necesidad del cliente de desplazarse, al tiempo que obliga a un eficiente sistema de preparación del pedido y distribución de paquetes.

Dependiendo del tipo de mercadería, alistarla puede que tenga que hacerse manual. Pero aun así, se efectúa con la ayuda de un dispositivo móvil. Recientemente, en un supermercado Whole Foods (propiedad de Amazon) noté una docena de muchachos con uniformes diferentes a los que atienden, cada uno con un carrito y varias bolsas en ellos, moviéndose por la tienda alistando pedidos.

Le pregunté a una muchacha cuánto duran en alistar un pedido (hecho en línea), me respondió que 15 minutos. Típicamente, el cliente sale de la oficina, solicita un Uber o Lyft, desde el vehículo hace su pedido (con un app en el teléfono), y se detiene un par de minutos a recogerlo de camino a casa.

La distribución de paquetes, a los hogares y oficinas, no solo debe ser eficiente (tiempo y costo), sino también transparente (conocer en todo momento por dónde viene el paquete).

Comunicación total

Otra vez, los dispositivos móviles son los que lo hacen posible, desde la inteligencia en el dispositivo del que alista hasta el dispositivo del que lo trasporta, todo se comunica, a través de la nube, a los dispositivos móviles de los clientes.

La conectividad móvil hace factible la movilidad de manera antes nunca sospechada. Los servicios como Uber, Lyft y Didi son tan exitosos en todo el planeta por el uso que hacen de la tecnología móvil, que permiten a los usuarios movilizarse de manera más barata y eficiente que en un vehículo privado.

Estos servicios están constantemente innovando, pues entienden la importancia de la experiencia del usuario. Por ejemplo, si el usuario está suscrito a un sistema de música en la nube (como Spotify o Pandora), puede escoger qué música quiere oír durante el trayecto y, al iniciar el viaje, la música empieza a sonar. El dispositivo móvil le da al usuario total control de su vida, la movilidad es una parte muy importante.

No es coincidencia que Uber, Lyft y Didi estén entre los más grandes inversionistas en el perfeccionamiento de la tecnología de vehículos autónomos, pero tampoco es casualidad que esa tecnología se aplique por igual al transporte público y al transporte de mercaderías.

Fluidez y eficiencia

Al automatizar la movilidad de la gente y las mercancías, todo se torna más fluido y eficiente, creando así una mejor calidad de vida. Es muy probable que en un futuro cercano, menos de nosotros queramos tener vehículos, pues lo que el usuario quiere es movilidad, no tener un activo (caro) que se utiliza un 5 % del tiempo, o menos, y que obliga a tener espacios de parqueo, tanto en la casa como en lugares de trabajo.

Adicionalmente, la movilidad de personas y cosas está siendo rápidamente electrificada. El envenenamiento del aire le resta calidad de vida a todos. Ya hasta el CEO de Shell salió a decir que su próximo auto será eléctrico. La electricidad, por kilómetro recorrido, es, además, como 30 veces más barata que la gasolina.

La movilidad está cambiando profundamente porque la gente así lo requiere y porque la tecnología lo hace posible. Cambiará la manera como adquirimos movilidad, la manera como la impulsamos, la manera como la pagamos y la manera como la compartimos. Si hay un área del progreso en la que aferrarse al pasado empobrece a todos, es esta.

Transición

Con frecuencia escuchamos a gente decir que la transición hacia los vehículos autónomos, o hacia los eléctricos, o hacia un modelo de movilidad como servicio tardará muchos años, las estimaciones andan entre 10 y 25 años, y por lo tanto “no se preocupe, siga quemando gasolina, causando accidentes y depreciando vehículos en cocheras y parqueos”.

Lo cierto es que la transición va a durar lo que nosotros queramos que dure. El incentivo para reducir la factura petrolera es enorme, ya que el costo no solo es económico, sino también ambiental.

El incentivo para reducir los accidentes de tránsito también tiene dos costos: el económico y el humanitario. Cerca de mil personas mueren cada año por culpa de choferes humanos.

El incentivo para que la movilidad sea un servicio, y no un activo, es puramente financiero y es muy probable que algunos decidan darse el lujo de invertir en un vehículo que solo se utiliza una fracción del tiempo.

Pero para que se dé la transición, hay que tomar muchas decisiones; algunas difíciles. Pero aparte de una ley de reducción temporal de impuestos para los vehículos eléctricos, no se está haciendo nada. No hay ninguna conversación alrededor de los vehículos autónomos, de hecho no hay ninguno en el país, no hay propuestas de regulación ni se ha pensado en el impacto que esto tendrá en la planificación urbana, ni se ha pensado en qué van a hacer los choferes que solo eso saben hacer. Esta es una conversación que ya está sucediendo en muchos lugares.

Lo que si se está haciendo es atacando el modelo de transporte basado en tecnologías móviles, el cual ya ha demostrado en todo el mundo ser mucho más eficiente y producir una mejor experiencia al usuario.

La tendencia a alargar el período de transición no es nueva, la inventaron los luditas al inicio de la Revolución Industrial, y se ha utilizado muchas veces desde entonces. En los lugares más atrasados se ha utilizado más veces. Nunca ganan, pero siempre atrasan.

Artículo publicado en el periódico La Nación