Educación al rescate

Por Roberto Sasso
14 de noviembre del 2017


A inicios de este año, en el Foro Económico Mundial, acuñaron el término Cuarta Revolución Industrial, el cual, independiente de qué tan bien describe los cambios experimentados en el planeta, ha sido muy útil para crear conciencia y atraer la atención de más personas preocupadas por el futuro inmediato y el de las próximas generaciones.

Ya no es acertado decir que se avecinan cambios profundos porque muchos de ellos ya llegaron. La humanidad ha desarrollado tecnologías que están cambiando el mundo de una manera profunda y, a diferencia de las revoluciones, dichos cambios van a seguir produciéndose, permitiendo tiempos de estabilización y asimilación, pero, por el contrario, en esta ocasión, los cambios exponenciales (es decir, cada vez más rápidos) seguirán indefinidamente.

Hace 30 años, la energía solar era cincuenta veces más cara que el carbón o el petróleo, pero en ese tiempo el costo de la energía solar ha decrecido 100 veces. Mientras para ningún país es posible operar 100% con energía solar, porque de noche el sol no sale, los que puedan almacenar energía podrán muy pronto abandonar los combustibles fósiles.

Los gringos tienen un serio problema de impuestos y subsidios contra la energía solar (vea https://futurism.com/kill-fossil-fuels/), y además el sol no pega tanto como aquí. Adicionalmente, en Costa Rica ya tenemos baterías gigantes para almacenar energía: se llaman represas. Deberíamos funcionar de día con energía solar y de noche con hidroeléctrica. Las otras energías renovables deberían seguir utilizándose sin restricciones inventadas para proteger a algunos.

Hiperconectados

El planeta está cada vez más y mejor interconectado. Hace tan solo una década la gente usaba tarjetas de presentación y consignaba en ellas su número de fax. Los niños que ingresaron este año a la escuela no tienen la menor idea de qué era un fax. Hoy, la mitad de la población mundial tiene un teléfono celular.

Hace unos siete años las empresas e instituciones tenían toda suerte de equipos y servidores, en un cuarto frío llamado centro de datos. Las empresas e instituciones tienen en la actualidad más y mejores servicios basados en tecnologías de información, logrando, al mismo tiempo, enormes ahorros utilizando la nube.

Hace cinco años la inteligencia artificial estaba encerrada en los laboratorios de las grandes empresas tecnológicas y universidades. En tiempos modernos, la inteligencia artificial está en todas partes, no solo gracias a la nube, sino, primordialmente, al avance en el poder de dichas tecnologías, aunado a la facilidad de uso (hoy le hablamos a la inteligencia artificial para solicitar servicios, o información, y nos contesta de la misma manera).

Siendo consistentes con la velocidad exponencial del desarrollo, los próximos 10 años nos prometen cambios cada vez más disruptivos: robots humanoides que caminan, conversan y ejecutan tareas mejor que nosotros, vehículos autónomos que pondrán fin a los accidentes viales, computación cuántica que reemplazará a los computadores binarios aumentando en varios órdenes de magnitud la capacidad y la velocidad de procesamiento de las máquinas, abriendo así una nueva, y mucho más grande, caja de Pandora.

Efectos

Los efectos disruptivos de todas estas tecnologías (y no he mencionado la genómica, ni la ciencia de materiales y otro montón que no entiendo) ya son bastante obvios, como el aumento irremediable de la disrupción.

El mercado que más sufrirá bien podría ser el laboral. Muchos de los puestos de trabajo actuales serán automatizados, lo cual traerá un aumento en productividad y competitividad de los que adopten estas tecnologías, pero al mismo tiempo desplazará grandes cantidades de trabajadores, muchos de ellos de baja escolaridad (aunque nadie está a salvo).

No es la primera vez que la humanidad pasa por un proceso semejante, la Revolución Industrial es el ejemplo más obvio, pero sí es la primera vez que sucede a tan alta velocidad, sin que exista ningún motivo para suponer que algún día se detendrá, o siquiera dejará de crecer cada vez más rápido.

En Costa Rica, siempre le hemos dado mucha importancia a la educación, ahora debemos darle todavía más. Debemos aprender a educar jóvenes para que se desempeñen en trabajos que no han sido inventados, para que puedan cambiar de ocupación varias veces durante su vida laboral (que será mucho más larga que la nuestra).

Es urgente cambiar la educación desde preescolar hasta posuniversitaria, pasando por vocacional y técnica. Pero el cambio en la educación y la capacitación debe ser innovador, ágil y pertinente. Todos debemos seguir aprendiendo durante toda la vida, lo cual de por sí es agradable, pero le quita tiempo a otras actividades, incluyendo el trabajo y el ocio.

Pero la trama se complica porque no solo debe cambiar radicalmente la educación y la capacitación de todos, sino que, al mismo tiempo, es necesario adoptar las nuevas tecnologías lo más rápido posible. Decidir, por ejemplo, ponerles trabas a los robots, o prohibir los vehículos autónomos, o renunciar a la edición genética, no es equivalente a pegarse un tiro en el pie, es pegarse un tiro en la cabeza.

Pero tampoco es obvio cuáles son los cambios que deben llevarse a cabo en la educación, cuándo deben estar en operación y, mucho menos, cómo hacerlo. La buena noticia es que en el país hay montones de gente muy conocedora y talentosa, que si se abocan a conversar de esto con urgencia, pronto se podrán de acuerdo en las estrategias y las acciones necesarias.

A mí me parece urgente iniciar esta conversación nacional, importando el talento que haya que importar, pero, sobre todo, dándole la importancia que merece. Eso equivale a no permitir en la conversación ideas basadas en la filosofía de patear la bola. Esta bola es cuadrada y muy pesada, si la pateamos nos quebramos el pie.

La educación es una de las mejores cosas que hemos hecho en este país, ha sido durante décadas un diferenciador importante. El orgullo con que decimos que nosotros invertimos en educación la plata que otros botan en ejércitos se ha ido erosionando con la baja en calidad y pertinencia de la enseñanza. Es hora de que la educación vuelva a ser superhéroe.

Artículo publicado en el periódico La Nación